Teoría Polivagal
Explora la teoría polivagal, el nervio vago, la seguridad y la conexión social, junto con sus aportes, límites y preguntas científicas todavía en discusión.
Regulación del sistema nervioso · 12 min
Una nueva forma de comprender nuestras respuestas
Una pregunta profundamente humana
¿Alguna vez te has preguntado por qué hay personas con las que te resulta fácil sentirte tranquilo desde el primer momento?
No ha ocurrido nada extraordinario.
Simplemente estás con ellas y tu respiración parece encontrar su propio ritmo.
Hablar resulta sencillo.
El tiempo transcurre sin esfuerzo.
Puedes reír, guardar silencio o expresar lo que sientes sin tener la sensación de estar defendiendo algo.
En cambio, también existen lugares o personas que producen el efecto contrario.
Sin que ocurra un peligro evidente, tu cuerpo permanece atento.
Hablas con mayor cuidado.
Respiras de otra manera.
Tus músculos se tensan ligeramente.
Y quizá, sin darte cuenta, solo deseas que ese momento termine.
La pregunta es inevitable.
¿Por qué el mismo cuerpo puede responder de maneras tan diferentes ante situaciones aparentemente similares?
Durante mucho tiempo pensamos que estas respuestas dependían únicamente de nuestros pensamientos o de nuestra personalidad.
Sin embargo, en las últimas décadas, la neurociencia ha comenzado a explorar otra posibilidad.
¿Y si nuestro sistema nervioso estuviera evaluando constantemente el mundo que nos rodea antes incluso de que nuestra mente construya una explicación?
La Teoría Polivagal, propuesta por el neurocientífico Stephen Porges, ofrece un modelo para comprender cómo el sistema nervioso participa en esa evaluación continua y cómo esa información puede influir en nuestra forma de sentir, relacionarnos y responder a la vida.
Aunque originalmente fue desarrollada como un modelo científico para comprender el funcionamiento del sistema nervioso autónomo, hoy también inspira distintos enfoques de acompañamiento y educación corporal, conocidos en conjunto como terapia polivagal. Su propósito no es diagnosticar, sino favorecer una mejor comprensión de la regulación del sistema nervioso y de la manera en que las experiencias de seguridad pueden influir en nuestro bienestar.
Más que ofrecer una nueva etiqueta para nuestras experiencias, esta teoría nos invita a mirar el cuerpo desde una perspectiva diferente.
No como un conjunto de reacciones inexplicables.
Sino como un organismo que, momento a momento, intenta responder a una pregunta profundamente biológica:
¿Es suficientemente seguro estar aquí, tal como soy, en este momento?
Quizá esa pregunta no solo transforme la manera en que comprendemos el sistema nervioso.
Quizá también transforme la forma en que comenzamos a comprendernos a nosotros mismos.
La ciencia explica
Un cambio de pregunta puede cambiar la forma en que comprendemos el cuerpo
Durante mucho tiempo, gran parte de la investigación sobre el sistema nervioso se centró en comprender cómo respondemos al peligro.
Y tenía sentido.
La supervivencia ha sido una de las grandes preguntas de la biología.
¿Cómo detectamos una amenaza?
¿Cómo nos protegemos?
¿Cómo conseguimos mantenernos con vida?
Gracias a esas investigaciones hoy conocemos mucho mejor las respuestas de lucha, huida y otras formas de adaptación del organismo.
Sin embargo, la Teoría Polivagal propone ampliar esa mirada.
No deja de preguntarse cómo respondemos al peligro.
Nos invita a formular una pregunta adicional:
¿Qué ocurre cuando nos sentimos seguros?
Este cambio puede parecer pequeño.
Pero transforma profundamente la conversación.
Porque, desde esta perspectiva, el sistema nervioso no dedica toda su energía únicamente a protegernos de las amenazas.
También participa en algo igualmente importante.
Nos ayuda a conectar.
A jugar.
A aprender.
A crear.
A cuidar y dejarnos cuidar.
A compartir una comida.
A emocionarnos con una canción.
A contemplar un paisaje.
A mirar a otra persona y sentir que podemos estar presentes sin necesidad de defendernos.
Desde esta mirada, la conexión no aparece como un lujo que ocurre cuando ya no existen problemas.
La conexión forma parte de nuestra biología.
Es uno de los caminos mediante los cuales el sistema nervioso favorece la vida.
Quizá por eso muchas personas experimentan cambios en su respiración, en el tono de su voz o en la sensación de su cuerpo cuando se encuentran con alguien que les transmite calma.
No porque esa persona haya "arreglado" su sistema nervioso.
Sino porque el organismo reconoce señales que favorecen una experiencia de mayor seguridad y disponibilidad para el encuentro.
Esta es una de las aportaciones más valiosas de la Teoría Polivagal.
Nos recuerda que comprender el sistema nervioso no consiste solamente en estudiar cómo sobrevivimos.
También significa preguntarnos cómo florecemos.
Uno de los elementos centrales de este modelo es el nervio vago, uno de los nervios más extensos del cuerpo humano y una parte fundamental del sistema nervioso autónomo. La Teoría Polivagal propone que diferentes circuitos relacionados con este nervio participan en la forma en que el organismo responde a la seguridad, la conexión y los desafíos del entorno. Aunque algunos aspectos específicos del modelo continúan siendo investigados, estudiar el nervio vago ha contribuido significativamente a ampliar nuestra comprensión de la regulación del sistema nervioso y de la relación entre el cuerpo y la experiencia.
Cómo construimos vínculos.
Cómo desarrollamos confianza.
Cómo recuperamos la capacidad de jugar, de crear y de participar plenamente en la vida.
Más que ofrecernos una nueva explicación sobre el cuerpo, este modelo nos invita a ampliar nuestra mirada sobre aquello que significa estar vivos.
Y quizá esa sea una de las preguntas más importantes que la ciencia puede ayudarnos a explorar.
La experiencia da sentido
El cuerpo reconoce mucho antes de que podamos explicarlo
Hay momentos en la vida que comprendemos con palabras.
Y hay otros que comprendemos con el cuerpo.
Quizá alguna vez llegaste a un lugar y, sin saber exactamente por qué, sentiste que podías respirar con mayor amplitud.
O conociste a una persona cuya presencia transmitía tranquilidad antes incluso de haber mantenido una conversación.
Tal vez hayas experimentado también lo contrario.
Un ambiente donde todo parecía correcto y, aun así, algo dentro de ti prefería permanecer en silencio.
Estas experiencias forman parte de la vida cotidiana.
No son extrañas.
No son un error.
Nos recuerdan que nuestro cuerpo participa continuamente en la manera en que habitamos el mundo.
Con frecuencia creemos que primero pensamos, después sentimos y finalmente actuamos.
Sin embargo, muchas experiencias humanas siguen otro camino.
El cuerpo percibe.
El organismo responde.
Y solo después intentamos comprender lo que ha ocurrido.
Por eso, muchas veces decimos frases como:
"No sé por qué, pero aquí me siento bien."
O:
"Hay algo que no puedo explicar, pero prefiero marcharme."
No siempre encontraremos una respuesta inmediata.
Y está bien.
La experiencia humana no necesita ser comprendida por completo para ser válida.
Algunas de las vivencias más profundas que tenemos —la confianza, la belleza, la pertenencia o el asombro— suelen sentirse antes de poder describirse.
Quizá por eso la somática nos invita, una y otra vez, a regresar al cuerpo.
No porque el cuerpo tenga todas las respuestas.
Sino porque el cuerpo también participa en las preguntas.
Desde esta perspectiva, sentirse seguro no depende únicamente de lo que pensamos. También es una experiencia que el cuerpo aprende a reconocer. Cuando hablamos de regulación del sistema nervioso, no nos referimos a eliminar todas las emociones difíciles, sino a ampliar, poco a poco, la capacidad del organismo para experimentar una mayor sensación de seguridad en el cuerpo, incluso en medio de los desafíos cotidianos.
Escuchar esa participación no significa dejar de pensar.
Significa ampliar nuestra manera de conocer.
Permitir que la razón y la experiencia dialoguen entre sí.
Tal vez esa sea una de las invitaciones más valiosas de la Teoría Polivagal.
No nos pide abandonar la ciencia.
Nos invita a observar con mayor atención aquello que el cuerpo ya estaba intentando mostrarnos desde hace mucho tiempo.
Y, poco a poco, aprender un nuevo lenguaje.
No un lenguaje hecho solamente de conceptos.
Sino también de respiraciones.
De silencios.
De miradas.
De encuentros.
De presencia.
Porque quizá comprender la vida no consista únicamente en encontrar mejores explicaciones.
También implique desarrollar una mayor sensibilidad para reconocer aquello que ya estamos viviendo.
La práctica transforma
Una invitación al cuerpo
A veces pensamos que comprender ocurre únicamente cuando entendemos una idea.
Sin embargo, muchas de las experiencias más importantes de la vida no comienzan con una explicación.
Comienzan con un encuentro.
Te propongo una pausa muy sencilla.
No para analizar tu sistema nervioso.
No para descubrir en qué estado te encuentras.
Solo para observar cómo cambia tu experiencia cuando te relacionas con el mundo de una manera diferente.
Si te resulta cómodo, detente unos instantes.
Mira lentamente el espacio que te rodea.
No busques nada especial.
Permite que tu mirada se pose sobre aquello que, de manera natural, despierte una sensación de agrado, curiosidad o tranquilidad.
Quizá una planta.
La luz entrando por una ventana.
El cielo.
Una fotografía.
Un objeto que tenga un significado para ti.
Permanece unos segundos allí.
Ahora escucha.
No intentes identificar todos los sonidos.
Simplemente descubre que el mundo también está ocurriendo a través del oído.
Tal vez escuches el viento.
Un pájaro.
Voces lejanas.
El silencio.
Después nota el contacto de tu cuerpo con aquello que lo sostiene.
La silla.
El suelo.
La ropa sobre tu piel.
No hace falta cambiar nada.
Solo reconocer que, en este momento, formas parte de un entorno que también está en relación contigo.
Quizá, sin proponértelo, tu respiración cambie un poco.
Quizá no.
Ambas posibilidades son igualmente válidas.
Antes de continuar con tu día, permite que una pregunta te acompañe.
¿Qué sucede en mi experiencia cuando dejo de observar únicamente lo que ocurre dentro de mí y comienzo también a percibir la relación que tengo con el mundo que me rodea?
No busques una respuesta inmediata.
Simplemente permanece abierto a descubrirla.
Porque estar vivo no significa existir aislados dentro de un cuerpo.
Significa participar continuamente en una conversación silenciosa con el entorno, con las personas, con la naturaleza y con la vida misma.
Quizá la conexión no sea algo que tengamos que construir desde cero.
Quizá sea algo que siempre ha estado ocurriendo y que, poco a poco, podemos aprender a reconocer con mayor claridad.
La investigación continúa
La Teoría Polivagal ha abierto una conversación muy valiosa sobre la manera en que comprendemos el sistema nervioso, la seguridad y las relaciones humanas.
Desde que fue propuesta, ha inspirado investigaciones, prácticas clínicas, programas educativos y nuevas formas de acercarnos a la experiencia del cuerpo.
Al mismo tiempo, como ocurre con cualquier teoría científica, también ha dado lugar a preguntas, revisiones y debates dentro de la comunidad académica.
Algunos investigadores consideran que varios de sus planteamientos ofrecen un marco especialmente útil para comprender la relación entre el sistema nervioso y la experiencia humana.
Otros señalan que algunos aspectos del modelo todavía requieren mayor evidencia o continúan siendo objeto de investigación.
Lejos de disminuir el valor de esta teoría, ese diálogo forma parte del modo en que avanza la ciencia.
Las teorías no son puntos de llegada.
Son formas de organizar el conocimiento disponible y de formular nuevas preguntas que impulsan la investigación.
En Sentido Somático entendemos la Teoría Polivagal precisamente desde ese lugar.
No como una explicación definitiva del funcionamiento humano.
Sino como un lente que ha contribuido de manera significativa a ampliar nuestra comprensión sobre la relación entre el cuerpo, la percepción de seguridad, la conexión y la experiencia de estar vivos.
Este conocimiento también nos ayuda a comprender por qué muchas personas describen la sensación de tener un sistema nervioso desregulado. Aunque esta expresión no constituye un diagnóstico médico, refleja una experiencia cada vez más estudiada desde distintas disciplinas relacionadas con la regulación del sistema nervioso. Más que hablar de “arreglar” o sanar el sistema nervioso como si estuviera roto, la investigación actual invita a pensar en procesos de aprendizaje, adaptación y desarrollo de una mayor flexibilidad fisiológica a lo largo de la vida.
Seguiremos atentos a los nuevos descubrimientos, porque creemos que el conocimiento crece cuando permanece abierto al diálogo y dispuesto a revisarse.
Una pregunta para seguir explorando
¿Qué cambia en mi experiencia cuando, en lugar de preguntarme únicamente qué me ocurre, comienzo a preguntarme qué está intentando mostrarme mi cuerpo sobre la manera en que me relaciono con el mundo?
No respondas de inmediato.
Tal vez la respuesta aparezca en una conversación.
En un paseo.
En un momento de silencio.
O simplemente mientras descubres que comprender no siempre consiste en encontrar una explicación, sino en aprender a observar con una mirada más amplia y más amable.
La investigación detrás de este artículo
En Sentido Somático entendemos que cada teoría científica es una invitación a mirar con mayor profundidad la experiencia humana.
La Teoría Polivagal ha enriquecido enormemente la conversación entre la neurociencia, la psicología, la educación somática y otras disciplinas interesadas en comprender cómo el cuerpo participa en nuestra manera de relacionarnos con el mundo.
Las obras que encontrarás a continuación inspiraron este artículo y representan algunos de los aportes más importantes a esta conversación.
No es necesario leerlas para comprender este contenido. Sin embargo, si deseas seguir explorando, aquí encontrarás excelentes compañeros de viaje.
Libros de referencia
Stephen W. Porges (2011)
The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-Regulation.
La obra que presenta la Teoría Polivagal y propone una nueva forma de comprender la relación entre el sistema nervioso, la seguridad, la comunicación y la conexión social.
Stephen W. Porges (2021)
Polyvagal Safety: Attachment, Communication, Self-Regulation.
Profundiza en el concepto de seguridad fisiológica y en la importancia de las relaciones humanas para el bienestar.
Deb Dana (2018)
The Polyvagal Theory in Therapy.
Desarrolla aplicaciones prácticas de la Teoría Polivagal en contextos clínicos y educativos, con un lenguaje accesible para profesionales y público general.
Deb Dana (2020)
Anchored: How to Befriend Your Nervous System Using Polyvagal Theory.
Una invitación a comprender el sistema nervioso desde una relación de curiosidad, respeto y presencia.
Stanley Rosenberg (2017)
Accessing the Healing Power of the Vagus Nerve.
Explora el papel del nervio vago en la regulación fisiológica y presenta propuestas prácticas inspiradas en la Teoría Polivagal.
Investigaciones relevantes
Porges, S. W. (2007)
The Polyvagal Perspective.
Resume los principales fundamentos del modelo y su relevancia para comprender la regulación y la interacción social.
Thayer, J. F., & Lane, R. D. (2009)
Claude Bernard and the Heart–Brain Connection: Further Elaboration of a Model of Neurovisceral Integration.
Ofrece un marco complementario para comprender la relación entre el cerebro, el corazón y la flexibilidad del sistema nervioso.
Smith, R., & Lane, R. D. (2015)
The Neural Basis of One's Own Conscious and Unconscious Emotional States.
Explora cómo el cerebro integra las señales corporales y contribuye a la experiencia consciente e inconsciente de las emociones.
Para seguir ampliando la mirada
Además de la Teoría Polivagal, existen otros modelos científicos que enriquecen nuestra comprensión del cuerpo y de la experiencia humana.
Entre ellos destacan la teoría del apego, la neuroplasticidad, la integración neurovisceral, la neurociencia afectiva, la cognición corporizada (embodied cognition) y la investigación sobre la interocepción.
En Sentido Somático creemos que cada uno de estos enfoques aporta una perspectiva valiosa. Ninguno pretende explicar por sí solo toda la complejidad de la experiencia humana.
Por eso elegimos aprender de varios modelos, permitiendo que dialoguen entre sí y ampliando, poco a poco, nuestra comprensión del cuerpo.
Nuestro compromiso
Nos comprometemos a revisar periódicamente la literatura científica, incorporar nuevos hallazgos y actualizar nuestros contenidos cuando la evidencia así lo sugiera.
Creemos que la ciencia es una expresión de la curiosidad humana y que su mayor fortaleza reside en su capacidad para seguir haciéndose preguntas.
Por eso, más que ofrecer respuestas definitivas, queremos acompañarte a desarrollar una mirada cada vez más amplia, crítica y compasiva sobre la experiencia de ser un cuerpo vivo.
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